Los vestigios de la traición

                                                                                                             “El beso de Judas”. Autor: Giordano, Luca (1655). Obra tomada de Museo del Prado

Por Juliana Cortés Gómez. Escuela Jung

El presente ensayo contiene casos reales vistos en mi consulta analítica. Todas las identidades han sido modificadas con la intención de proteger la privacidad de mis consultantes. El objetivo de este ensayo es completamente académico y busca la enseñanza del mitologema de la traición desde el punto de vista junguiano.

La traición como mitologema puede conducir a distintas reflexiones según desde donde se mire. Para hablar de la traición se requiere ir más allá de lo que se pueda considerar como “bueno” y “malo”; de la concepción que puede existir sobre “el traidor” y “el traicionado”; y las calificaciones que convencionalmente se tienden a dar sobre el actuar de ambos: catalogar al primero como el malvado y al segundo como la víctima. Además, también es importante hacerse la pregunta sobre qué es exactamente lo que se traiciona. La traición implica la irrupción de algo que no se espera y que produce entre los implicados un dolor profundo, desilusión, indignación; pero también triunfo y sensación de poder, dependiendo en qué lugar uno se encuentre dentro de la situación: como traicionado o traidor. Pero claramente, después de la traición la vida no vuelve a ser como antes; hay una muerte de aquello en lo que se creía o en la forma como se veía el mundo. La vida antes conocida muere definitivamente y se abre paso a otra vida, sea para bien o para mal. Por otro lado, la traición puede conducirnos hacia experiencias que pueden ser generativas y destinadas hacia nuestro propio crecimiento, pero también puede llevarnos hacia lugares muy oscuros del alma y a expresiones de sombra muy negativas. De ambas posibilidades pretendo hablar en este escrito, tomando como base elementos mitológicos vistos dentro del cristianismo, la cultura griega y celta, haciendo una comparación de los mismos con algunos eventos ocurridos en la vida de algunos de mis consultantes.

LA TRAICIÓN COMO CAMINO HACIA LA INDIVIDUACIÓN

Cuando se piensa en un evento de traición es común que una de las primeras imágenes que emerjan sea la traición de Judas a Cristo, con la cual culturalmente podemos estar familiarizados. La paradoja de este mito ocurre cuando Cristo llama “amigo” a Judas a pesar de que sabe que este va a entregarlo para ser llevado hacia la crucifixión. Sin embargo, la crucifixión de Cristo era su destino y desde el plano psicológico, conducir a alguien hacia su destino es un acto de amor, pues dicho destino conduce hacia la individuación (E. Edinger, 1987). Como símbolo, la crucifixión se encuentra vinculada con el proceso de individuación en tanto que representa la yuxtaposición de fuerzas opuestas donde Cristo crucificado es la suspensión del yo entre dos opuestos, mientras la cruz representa al Sí-Mismo.
Seguir el camino de Cristo es cargar nuestra propia Cruz que simboliza a nuestros opuestos. Por tanto, la crucifixión como símbolo significa sostener la tensión entre nuestras fuerzas opuestas e integrarlas en nuestra vida. Pero a veces la consciencia tiene una tendencia demasiado unilateral que margina y desplaza hacia lo inconsciente elementos que son importantes y forman parte de nuestra constitución psíquica y es allí donde la traición se hace necesaria, pues dicha traición nos llevará, como a Cristo, hacia la crucifixión que a su vez posibilitará nuestra individuación o integración de los opuestos; o dicho de otra forma, permitirá que lo inconsciente se haga consciente. En dicho proceso se dará paso a todo aquello que no nos hemos permitido vivir, ser o experimentar y que aguarda en nuestro inconsciente para tener un lugar de expresión en nuestra vida.

“El prendimiento de Cristo”. Autor: Anton Van Dyck (1618- 1620). Obrada tomada de Museo del Prado.

Judas como símbolo, decía Jung, representa lo que habita en lo inconsciente, aquello que ha sido marginado de nuestras vidas y buscará, aunque no de muy buena forma, su lugar en nuestra vida. Juan, de 36 años de edad, llegó a mi consulta por una depresión que progresivamente fue mostrando sus orígenes. Venía de una familia cristiana que se ceñía fuertemente a todos los preceptos de la religión cristiana. Sus padres le enseñaron sobre el temor a Dios y sobre las fuerzas satánicas que caen sobre todo aquel que abandone la fe cristiana. Él de profesión se hizo músico, estudió en un conservatorio y se hizo pianista. Al principio cantaba y tocaba música cristiana en la iglesia fundada por su padre y su madre. Ya al pasar los 30 años empezó a cuestionarse sobre el sermón de los pastores y a ver otra realidad en el mundo que le produjo un gran conflicto, especialmente por el temor de desobedecer a sus padres y a todo aquello que estos le habían enseñado. Sin embargo, la incomodidad fue tal, que Juan sintió la necesidad de salir de su ciudad y viajar, pues sentía que su mundo como músico se vería muy reducido si se quedaba en esa pequeña ciudad de la costa colombiana. Llegó entonces a trabajar como músico en el piano-bar de un crucero por los Estados Unidos y allí su vida se transformó radicalmente. Empezó a tocar canciones que estaban lejos de ser cristianas, muchas de las cuales serían completamente desaprobadas por su iglesia. Pero al mismo tiempo empezó a sentir alivio.

“La crucifixión”. Autor: El Greco (1597-1600). Obra tomada de Museo del Prado.

Se dejó llevar por la influencia del estilo del barco y empezó a consumir alcohol, a embriagarse hasta olvidar lo que hacía la noche anterior, a tener relaciones sexuales con varias mujeres durante una semana; y finalmente, a componer canciones de reggaetón. Entre más se sumergió en este mundo, más atrevidas y sexualizadas sus composiciones musicales. Justamente todo aquello que desaprueba fervorosamente su iglesia cristiana. Juan, como un Judas, había traicionado a su familia, pero también se traicionó a sí mismo y a todo aquello en cuanto creía. La traición de Juan a sus creencias religiosas y a sus padres fue una vía necesaria para compensar una previa tendencia a la unilateralidad de la consciencia, que solo le permitía ceñirse por los preceptos cristianos, y para conducirlo hacia su destino: convertirse en ese músico reconocido que quería ser fuera del mundo cristiano. El cristianismo le permitía unas cosas mientras le prohibía otras; debía creer en ciertas cosas y en otras no. En razón a esto, su vida se desarrollaba con una consciencia muy limitada que le hacía creer que todo aquello que está por fuera de los planteamientos cristianos es malo, o dicho en sus palabras: “es satánico”. Pero sin la traición de Juan tanto a sus creencias religiosas anteriores como a sus padres hubiera renunciado a un camino que era necesario para explorar el mundo y buscar su realización como músico, que a su vez constituye una realización personal. Después de abandonar el cristianismo, Juan es autodenominó agnóstico, se sintió libre y cada vez con más intención de hacer todo cuanto no pudo en su vida pasada cuando era cristiano. Sin embargo, la situación para Juan se ha mantenido tensionante, muchas veces se siente ansioso, confundido y triste.

Durante el proceso de análisis con Juan, trajo el siguiente sueño: “Estaba a bordo del barco. En un momento estoy en el Piano Bar y aparece Diego, el manager de artistas de la industria de la música cristiana. Diego lucía diferente, sobre todo sus ojos eran más blancos, incluso la parte de las pupilas eran blancas. Yo me sorprendí de verlo a bordo y de que estuviera en el Piano Bar. El Piano Bar estaba lleno de personas, había mucho movimiento, nosotros estábamos ahí sentados. Me decía que la cantante con quien estaba trabajando iba a comenzar a modelar en Only Fans. Lo dice mientras se ríe.”

En este sueño podemos ver la figura del traidor en Diego, quien siendo cristiano jamás se vincularía a la vida del piano bar en donde la gente consume alcohol y se tienen varios excesos. Peor aún, Diego el cristiano nunca patrocinaría a ningún artista que modele para Only Fans, pues para el cristianismo este tipo de prácticas no son bien vistas, especialmente porque se considera vulgar y pecaminoso la muestra del cuerpo en su desnudez. Es según Juan, una especie de lugar de prostitución virtual. En su sueño, Mario está traicionando a la tradición cristiana a la cual pertenece, convirtiéndose en Judas. Los ojos emblanquecidos de Diego lo muestran como una figura demoníaca en el sueño, lo cual muestra parte del complejo religioso en Juan y de las enseñanzas cristianas, especialmente de su madre quien le decía que todo aquel que no estuviera a favor de los mandatos de la iglesia cristiana estaría entonces del lado de Satanás. Diego funciona aquí como la parte de la psique que traiciona los mandatos del cristianismo para incluir otros aspectos que habían sido prohibidos en la vida de Juan: la sexualidad, la vida frenética del barco y la libre composición musical sobre cualquier tema distinto a Dios. Pero al mismo tiempo, esta función traidora de la psique se presenta como demoníaca.

“La traición de Judas”. Autor: Godfried, Taller de Schalcken (1665-1670). Obra tomada de Museo del Prado. 

Si bien Juan tiene una lucha constante entre bien y mal, el aspecto generativo de esta experiencia de traición consiste en que se ha dirigido progresivamente hacia un camino más amplio que le ha permitido conocer una vida más compleja y diversa que la propuesta por el cristianismo y como consecuencia ha comenzado a integrar y a permitirse vivir otros aspectos de su vida que antes le eran prohibidos: el sexo, el alcohol, la creatividad ilimitada, la música no cristiana, etc. Algunos de estos, sin embargo, han conducido a Juan a excesos.

LA TRAICIÓN COMO CAMINO HACIA LA INDIVIDUACIÓN

La nueva vida de Juan después de haber traicionado a sus padres y a sus propias creencias cristianas trajo sin embargo, otra serie de implicaciones no tan agradables en las que se vio inmerso por cuenta de su madre. Como ocurre en el mito de Medea, la traición no siempre nos conduce a lugares generativos, sino que también y en ocasión al profundo dolor, puede conducir a momentos de locura y a lugares muy oscuros del alma.

En la mitología griega, Medea era una hechicera, maga y divinidad vinculada al mundo profético. Protegida de Hécate. Medea ayudó a Jasón a conseguir el vellocino de oro con la condición de que se casara con ella y pudiera vivir con él, lejos de su tierra de origen. Ayudar a Jasón implicaría que ella traicionara a su padre. Sin embargo, una vez Jasón tuvo aquello que buscaba, el vellocino de oro, traicionó a Medea casándose con Glauce, hija del Rey de Corintos. Poseída por el fuerte dolor causado por la traición de Jasón, Medea en venganza mata a los hijos que había tenido con él. Luego, es acogida por su abuelo Helios y llevada a Atenas para protegerla de la furia de Jasón. En este mito podemos encontrar una experiencia en donde la traición conduce a lugares muy oscuros del alma que nos llevan a una serie de comportamientos profundamente destructivos y donde se dirige toda la rabia en contra de otros, pero también en contra de uno mismo, pues estos niños asesinados también son hijos de Medea. Cuando Juan se rebeló frente a sus padres, se declaró agnóstico, se perforó una oreja para ponerse un arete y empezó a alejarse radicalmente del cristianismo, su madre sufrió un intenso dolor; un dolor como el de Medea. Su madre junto con su padre, se habían esforzado muchísimo en la educación de Juan, en salir de la pobreza y darle a él siempre lo mejor. Pero luego de tal decepción, la madre de Juan, al igual que Medea, se vengó. Entonces Juan, recibió un hechizo por cuenta de su madre. Y ese hechizo consistió en sentenciar a Juan a terminar en posesión de Satanás por haber dejado el cristianismo, afirmando que esa sería su propia destrucción, pues todo aquel que se aleja de Dios termina siempre muy mal (haciendo referencia al Dios cristiano).

“Medea, con los hijos muertos, huye de Corinto en un carro tirado por dragones”. Autor: Germán Hernández Amores (1887). Obra tomada de Museo del Prado.

La nueva vida de Juan después de haber traicionado a sus padres y a sus propias creencias cristianas trajo sin embargo, otra serie de implicaciones no tan agradables en las que se vio inmerso por cuenta de su madre. Como ocurre en el mito de Medea, la traición no siempre nos conduce a lugares generativos, sino que también y en ocasión al profundo dolor, puede conducir a momentos de locura y a lugares muy oscuros del alma.

¿Cuál fue el efecto de estas palabras de la madre? Cuando Juan llegó a consulta por primera vez, lo primero que me dijo fue: “Me imagino haciéndole daño a una mujer, a un niño o a un anciano. Tengo temor de llegar a hacerle daño a alguien”. En otras sesiones posteriores me contó que cuando está solo en las noches siente mucho miedo. Cree que alguien lo observa, se queda mirando el pasillo oscuro de su apartamento en las noches y siente que en algún momento algún demonio saldrá de allí. También me contó que a veces cuando está cocinando tiene la fantasía de poner su pene en el sartén y cortárselo con un cuchillo. A lo largo del proceso pude ver que Juan era un hombre inofensivo que difícilmente llegaría a llevar a cabo la fantasía de hacer daño a alguien. En realidad, lo que ocurrió es que el hechizo de su madre tuvo efecto: al dejar el cristianismo porque ya no creía en él, se sintió poseído por el mal y por el poder satánico como su madre mencionó, y por tanto creyó que caería preso de algo que lo llevaría a hacer cosas muy malas. Entonces, al salirse del cristianismo terminaría cometiendo transgresiones graves. Y este temor fue un efecto de las palabras de su madre, una Medea que buscó la forma de castigar con toda dureza a su hijo por haberla traicionado al abandonar la iglesia. Una madre que siempre se lo dio todo y que sacrificó por él su vida y que no podría tolerar que después de amarlo tanto y hacer tantas cosas por él, fuese capaz de esta gran traición. Aunque conscientemente Juan se define actualmente como agnóstico, el poder de las palabras de su madre le generan miedo y algo en él sí cree en ellas. Otro elemento a través del cual puede verse el efecto de su madre es en la forma como Juan sabotea su carrera musical al sumergirse en alcohol, mujeres y un desenfreno que le roba energía para el desarrollo de su propia música que ha sido siempre su fuente de motivación. Juan procrastina, permanece horas en el celular y administra bastante mal su dinero. Al final, dice no tener tiempo suficiente para poder hacer lo que realmente quiere hacer que es componer su propia música. A pesar de que se siente liberado de las cadenas del cristianismo, hay también una culpa inconsciente que no le permite desarrollar sus talentos tanto como quisiera. Tampoco ha podido encontrar una relación estable de pareja. Sostiene relaciones sexuales con distintas mujeres del barco, pero jamás ha logrado vincularse emocionalmente o lograr una relación estable. Esa es la venganza de Medea: una madre que se venga de su hijo maldiciéndolo y cuya maldición paraliza el desarrollo pleno de su vida artística y su vida sentimental. Así como Medea mata a los hijos de Jasón que son sus propios hijos, el efecto de la madre sobre Juan ha hecho que sus hijos simbólicos, su música, sus creaciones, sus proyectos de vida, terminen fracasando y muriendo.

LA TRAICIÓN COMO CAMINO HACIA LA INDIVIDUACIÓN

“Tristán e Isolda”. Autor: Rogelio de Egusquiza y Barrena (1896). Obra tomada de Museo del Prado.

Otro escenario en el cual se observa la traición es cuando existe un deseo incontrolable por tener lo que se quiere intensamente a expensas de otros. En el cuento de Tristán e Isolda surge un amor entre ambos que los conduce a traicionar al Rey con quien Isolda estaba comprometida. Aunque intentaron ocultar su relación, al final todo es revelado y en esta historia tanto Tristán como Isolda mueren. Pero el trasfondo de esta historia es que realmente no se amaban porque ni siquiera se conocían. Fueron víctimas de una poción de amor que consumieron sin darse cuenta y cayeron en un hechizo del cual no pudieron salir. Y entonces, quedaron atrapados en una fascinación y una obsesión el uno por el otro, que fue capaz de pasar por encima de valores morales y del bienestar de otros a su alrededor. Un consultante con quien he desarrollado un proceso durante varios años, Javier, pasó por una experiencia similar. Es un hombre joven de 26 años que siempre ha tenido éxito con las mujeres. Llega a consulta por problemas de ansiedad, depresión y falta de sentido. Carga mucha rabia hacia su mamá porque desde pequeño sintió la necesidad de protegerla y de ayudarla a sostener el hogar, pues en el pasado fueron muy pobres. Toda su vida se dedicó fervorosamente a hacer dinero y lo logró. Pero como en todo exceso, Javier empezó a sentir muchos ataques de pánico y falta de interés por la vida, a la que aún no le encuentra mayor sentido. Para compensar un poco su sensación de vacío profundo, siempre ha tenido mujeres a su alrededor. Javier siempre tiene novia, pero se aburre pronto.

Entre las relaciones que sostuvo hubo una bastante complicada que fue con Ana. Esta relación iba marchando bien, pero Javier siempre se había sentido atraído físicamente por la hermana de Ana, Isabel. Le frustraba saber que desde muy pequeño se había fijado en ella porque era muy bonita, pero jamás pudo tenerla. Ya habiendo comenzado en una relación con Ana, la atracción entre Javier e Isabel fue difícil de controlar. Tanto así, que empezaron a tener un romance que al final fue descubierto por todos. Pero aún con todos en contra y a pesar de la fuerte transgresión moral cometida con Ana, tanto de parte de su novio como de su hermana, Javier e Isabel decidieron estar juntos. Las hermanas por su parte, dejaron de hablarse. Isabel perdió el afecto de parte de su familia y se fue a vivir con Javier. Ahora que llevan un poco más de un año juntos, Javier no confía en Isabel porque siempre está pensando en qué momento Isabel lo traicionará a él como ambos traicionaron a Ana. Por más que intenta seguir a su lado, pelean todo el tiempo y la convivencia ha sido dura.

Por el lado de Isabel, cosa que empeora aún las cosas, manifiesta que siempre quiso saber “qué se siente que a uno lo saquen a pasear”, haciendo referencia a los muchos viajes que Javier hacía con Ana. Isabel refería: “yo también quería vivir eso”. Y ese fue el motivo para quedarse con el novio de su hermana, Ana. Javier en consulta me dijo: “no recuerdo por qué decidimos estar juntos, ¿por qué es que nos queríamos?”. Como en el cuento de Tristán e Isolda, Javier e Isabel terminaron viviendo en el bosque de Morois. Con tal de defender lo que ellos creían que era amor, se fueron a pasar serias necesidades a este bosque donde apenas si llegaban a alimentarse de algunas plantas. Isolda cada vez más delgada y Tristán cada vez más debilitado.

Algo similar sucede en la relación entre Javier e Isabel: viven en Morois, pues no existe una relación nutricia que enriquezca sus vidas y a la pareja, sino que ambos se sienten cansados, frustrados y agotados de tanto pelear y de tanta inseguridad. Sostienen una relación que los mantiene como a Tristán e Isolda: muertos en vida. En esta situación de un difícil triángulo amoroso se puede ver cómo el impulso, la pasión y las ansias de tener lo que se quiere puede conducir a una traición que tiene serias implicaciones morales. A veces en la traición se puede ver algo infantil o pueril porque la persona traidora se deja llevar por impulsos muy primarios y razones más bien superficiales; o por la emoción del momento o por la adrenalina que se deriva de la situación misma: “saber que estoy engañando” y la sensación de poder que esto puede producir. La historia entre Isabel y Javier es similar a la de Isolda y Tristán: han sido hechizados por las trampas del amor romántico y se han llenado de fantasías sobre lo que es el amor y una relación real de pareja. Particularmente con respecto a Javier, se puede ver a un hombre en una búsqueda errática de su alma, la cual proyecta inconscientemente sobre las mujeres con quienes decide tener una relación amorosa. Pero al final, nunca encuentra a esa mujer perfecta que satisfaga sus proyecciones. Fallidamente, Javier busca encontrar a esa mujer que lo haga feliz y que mejore su vida; que le ayude a borrar el vacío y la falta de sentido que siempre lo persigue. Y entonces, con el alma descuidada y negada en tanto que Javier se rehúsa a verla, esta se termina proyectando sobre una mujer por quien se entusiasma un rato para al final terminar aburriéndose.

Pero como en el cuento de Tristán e Isolda, este ha sido un amor que sentado sobre la base de una gran traición, no ha podido prosperar y tiende a morir. Sus bases han sido inestables y Javier es incluso consciente de que es una relación que no tiene mucho futuro, que se siente harto, cansado y que le incomoda incluso tener a Isabel viviendo con él en su casa. Siempre piensa en qué momento ella lo traicionará y hasta dónde sería capaz de llegar por conseguir lo que quiere, si ya fue capaz de hacer lo que hizo a su hermana. Esta historia vista tanto en la vida de Javier como la de Tristán, muestra una tendencia infantil que busca satisfacer pulsiones primarias de forma inmediata sin tener en cuenta las implicaciones que puedan darse en el entorno o con otras personas. Se transgreden todos los límites con el ánimo de vivir en un mundo fantástico, ideal y perfecto, pensando que “el amor” todo lo vale y todo lo justifica.

Y como todas las relaciones que se construyen y sostienen únicamente a partir del amor romántico, la traición que ocurre no conduce al desarrollo del alma sino a la destrucción de la propia persona, quien rechaza las oportunidades reales de la vida para quedarse buscando eternamente al Anima/Animus en otras personas, otros cuerpos u otras relaciones. En el cuento de Tristán e Isolda ambos mueren de dolor porque no logran nunca estar juntos a pesar de que ambos son conscientes de que bebieron de la poción de amor y no se aman realmente. En cuanto a Javier e Isabel, la traición los ha conducido a ambos al desgaste de la relación. No se toleran, pelean todo el tiempo, se han separado y uno de ellos, Isabel, ha perdido una hermana y el aprecio de varios miembros de su familia. Sin embargo, se han aferrado al vínculo a pesar de que ambos son supremamente infelices, pero Javier, temeroso ante la idea de quedarse solo y Ana, temerosa de perder las comodidades materiales que le da Javier, deciden mantenerse dentro de esta relación tormentosa. Como decían en el cuento de Tristán e Isolda, “están muertos en vida”, o viven dentro de una relación muerta. Pero la pulsión infantil por satisfacer las necesidades personales de “tener compañía” o “tener seguridad económica” les conduce a aferrarse a esta relación que fue cimentada en una gran traición.

CONCLUSIONES

El mitologema de la Traición es un referente de la naturaleza humana cuyas consecuencias e implicaciones de vida pueden variar: la traición puede llevarnos a un lugar de integración de la personalidad, en donde se traiciona la unilateralidad de la consciencia para dar paso a otros elementos de la Psique en nuestra vida. Es una traición que se hace necesaria para podernos dirigir hacia nuestra individuación y convertirnos en quienes somos; para convertirnos en seres humanos más integrados o completos. Pero también, una experiencia de traición puede llevarnos a lo opuesto: la destrucción. Cuando el alma ha sido profundamente lacerada a partir de una fuerte decepción o una desilusión también se puede conducir hacia el odio, la hostilidad y la necesidad de venganza. Sin embargo, esta vía podrá no solo destruir al traidor sino también al traicionado quien terminará destruyéndose a sí mismo al no poder transformar su dolor en algo más generativo. Finalmente, la traición puede verse desde el aspecto moral y cómo nuestras propias tendencias infantiles e inconsciencia nos pueden conducir a transgredir los límites. Así, la reflexión sobre la traición nos invita a la toma de consciencia sobre nuestra necesidad de individuación, sobre la tendencia del alma a completarse a sí misma y a integrar todas sus partes, pero al mismo tiempo actuar con mesura para que nuestra necesidad de individuación no se termine convirtiendo en individualismo o egoísmo. Inevitablemente, seremos traidores y traicionados e incluso, ambas cosas a la vez. Ya sea porque decidamos matar en nosotros mismos tendencias excesivamente dominantes que bloquean nuestro propio desarrollo para así dar cabida a otros elementos de nuestra personalidad que se han mantenido marginados; o bien porque para ser quienes somos realmente tengamos de traicionar legados familiares, relaciones de amistad, de pareja, profesionales o de otro tipo, que nos paralicen. En El Libro Rojo, Jung habla sobre la traición. En uno de los capítulos del Libro Rojo, Jung se define así mismo como traidor y traicionado en tanto que ha asesinado al héroe Sigfrido. Aquí, nos da un claro ejemplo sobre la necesidad de la traición, para eliminar tendencias muy dominantes en la psique que disminuyen o marginan a otras, siendo el héroe Sigfrido un representante de eso que es muy dominante en la psique. Traiciona entonces aspectos de sí mismo para dar vida a otros anteriormente ignorados. Y menciona también que esta traición que conduce a la individuación puede producir una sensación de soledad en tanto que empezamos a diferenciarnos de los demás, y nos alejamos de ciertos contextos mientras nos aproximamos a otros nuevos. Sin embargo, a pesar de que el proceso de individuación puede hacernos sentir diferentes y solitarios, también nos acerca más a los demás porque al comprender quienes somos realmente, tenemos más capacidad de tolerar la diferencia en los otros. Advierte, además, la importancia de mantener la empatía con aquello que hemos traicionado y actuar con responsabilidad, pues el capricho del individualismo difiere considerablemente del proceso de individuación que es justamente la vía para generar empatía con los demás y construir relaciones más sanas. El individualismo nos llevará a tomar decisiones egoístas y desconsideradas con los otros, como la traición de Tristán e Isolda: una traición que no lleva hacia el desarrollo del alma sino a la destrucción de nuestras relaciones y nuestro propio desarrollo; mientras que la traición encaminada hacia la individuación nos conducirá hacia nuestro propio destino, decepcionando a otros quizás, pero manteniendo nuestra propia integridad y responsabilidad con los demás.

Autora: Juliana Cortés Gómez Psicoterapeuta Junguiana Analista junguiana en formación.
Para usar el texto por favor mencionar al autor Junio 17 de 2025