Imágenes simbólicas de la serpiente y el león. Entre la lucha y la integración

La razón por la cual escogí el símbolo del león y la serpiente no me es del todo clara. Al pensar en motivos, lo que primero que suele venir a mi mente es un sueño que tuve en el año 2010, en donde vi la pelea de una serpiente y un león. Esa imagen siempre me causó curiosidad e incluso la dibujé, pero no sentí para ese entonces una necesidad de amplificarla. Solo recuerdo que, en ese entonces, estudiaba un diplomado en Psicología Analítica en la Pontificia Universidad Javeriana, y paralelamente trabajaba como Gerente de Recursos Humanos en una empresa. Yo básicamente vivía en medio de esos dos mundos completamente diferentes, y si bien uno de ellos me atrapaba más que el otro, no me atrevía a dejar al segundo, por considerarlo parte del “deber ser,” “lo que da dinero para vivir, y en pocas palabras, lo que sería mi destino con independencia de si me gustaba o no.

Comienzo hablando sobre la serpiente posiblemente porque en mis sueños apareció mucho antes que la figura del león. Inicialmente, en mis sueños se presentaban serpientes amenazantes, que incluso llegaron a morderme.  Al igual que para la gran mayoría de personas, la serpiente siempre me ha causado un gran temor. Y aun cuando no he logrado nunca comprender exactamente el por qué me produce tanto temor, sí creo que su apariencia, que me resulta algo desagradable, siempre me lleva a pensar en algo sumamente amenazante. Esto lo asocio con la idea de que la serpiente es un animal que permanece bastante alejado de la humanidad, siempre escondido y misterioso; y generalmente uno tiende a temerle a todo cuando parece ser indescifrable, misterioso y, sobre todo, impredecible. Una tendencia muy humana es temerle a todo cuanto no se conoce bien.

Comienzo hablando sobre la serpiente posiblemente porque en mis sueños apareció mucho antes que la figura del león. Inicialmente, en mis sueños se presentaban serpientes amenazantes, que incluso llegaron a morderme.  Al igual que para la gran mayoría de personas, la serpiente siempre me ha causado un gran temor. Y aun cuando no he logrado nunca comprender exactamente el por qué me produce tanto temor, sí creo que su apariencia, que me resulta algo desagradable, siempre me lleva a pensar en algo sumamente amenazante. Esto lo asocio con la idea de que la serpiente es un animal que permanece bastante alejado de la humanidad, siempre escondido y misterioso; y generalmente uno tiende a temerle a todo cuando parece ser indescifrable, misterioso y, sobre todo, impredecible. Una tendencia muy humana es temerle a todo cuanto no se conoce bien.

Comienzo hablando sobre la serpiente posiblemente porque en mis sueños apareció mucho antes que la figura del león. Inicialmente, en mis sueños se presentaban serpientes amenazantes, que incluso llegaron a morderme.  Al igual que para la gran mayoría de personas, la serpiente siempre me ha causado un gran temor. Y aun cuando no he logrado nunca comprender exactamente el por qué me produce tanto temor, sí creo que su apariencia, que me resulta algo desagradable, siempre me lleva a pensar en algo sumamente amenazante. Esto lo asocio con la idea de que la serpiente es un animal que permanece bastante alejado de la humanidad, siempre escondido y misterioso; y generalmente uno tiende a temerle a todo cuando parece ser indescifrable, misterioso y, sobre todo, impredecible. Una tendencia muy humana es temerle a todo cuanto no se conoce bien.

Se dice que cuando se sueña con serpientes, la Psique está por presentar contenidos de vital importancia que debe avisar al soñante. Y aun cuando sean generalmente sueños que paralizan o producen miedo, también la serpiente dentro los sueños puede representar esa posible solución que puede alcanzarse cuando se confía en lo instintivo, de lo cual la serpiente es una gran representante; y cuando las respuestas dejan de encontrarse en lugares más conscientes o racionales.

Además, al ser un animal poco domesticable y que pueda fácilmente adaptarse al servicio de nuestros propósitos, la serpiente puede representar ese aspecto de la Psique y del mundo de lo inconsciente, que contiene una verdad objetiva que difícilmente podremos acomodar a nuestra conveniencia, por lo menos no sin un alto costo psicológico.

Jung de hecho, hablaba de la importancia de seguir los instintos, siendo que ellos están en armonía con la naturaleza y por tanto, al seguir nuestros instintos seguiríamos a nuestra naturaleza, quien al final nos terminaría llevando por el camino que es correcto para nosotros. Por supuesto, sin quedar siendo presas de dichos instintos, sino más bien dándoles cabida en nuestra vida y sobre todo, significado.

 A pesar de que como elemento instintivo de la Psique la serpiente puede ser una buena servidora, desde el cristianismo ha sido más bien marginada e incluso descrita como un ser maligno, causante de desgracias.  Como resultado, esta influencia del cristianismo ha conducido a la humanidad a alejarse de ese mundo instintivo que contiene una riqueza invaluable para la vida. La serpiente representa además un elemento de ambivalencia. Por ejemplo, su caminar en zig-zag muestra su 

capacidad de moverse de izquierda a de derecha y de derecha a izquierda; es decir, de transitar por varios mundos: el mundo consciente y el mundo inconsciente. Sin embargo, siendo el cristianismo una religión unilateralizada, que rechaza la ambivalencia de Dios y de la humanidad, convierte entonces a la serpiente en una fuerte enemiga, pues la serpiente amenaza con sacarnos de ese mundo que solo tiene una cara, para mostrarnos ese otro lado de la vida que nos hemos negado a ver.

Siendo una de nuestras grandes luchas, no solo personales sino colectivas, el ir en contra de la ambivalencia para garantizarnos el control sobre la vida, la serpiente se torna entonces un símbolo de algo que parece ser peligroso, indeseado o malvado, idea que es ampliamente reforzada por el cristianismo.

En algunas mitologías, como la del héroe Filóctetes que es mordido por la serpiente, puede verse cómo la serpiente viene a retirarlo forzosamente de su mundo heroico, caracterizado justamente por el dominio y control que nos produce la vida vista desde una perspectiva unilateral. Para lo que respecta a nuestros procesos personales, la serpiente nos saca de un estado de seguridad basado en convicciones firmes que nos dan una sensación de control. Esa herida en el talón, como le ocurre a Filóctetes, representa entonces la pérdida de la seguridad y sensación de control que antes nos daba la actitud puramente unilateral.

Filóctetes

Como antagónico u opuesto a la serpiente, aparece el símbolo del león. El león es un animal que, al igual que la serpiente, puede tener varias lecturas simbólicas. Para Jung, el león representa fuerza y poder, pero al mismo tiempo la cobardía de un animal que en realidad es más bien perezoso.

Por otro lado, el león, como animal de sangre caliente, está vinculado con las emociones feroces que a veces se apoderan de nosotros, pero que al mismo tiempo nos aproximan hacia el mundo de lo inconsciente. Dice además Jung, que estas fuertes emociones que provienen del león son las que, gracias a su intensidad, nos van aproximando hacia el Sí Mismo, pues para vincular con lo inconsciente se requiere de una fuerte apertura desde lo emocional. De hecho, en algunos cuentos de hadas, el león se encuentra en custodia de las puertas que abren la entrada hacia el mundo de los misterios, de la eternindad, que por analogía corresponde al mundo inconsciente.

Al igual que la serpiente, el león también es un animal que necesita ser desafiado o confrontado, y dominado, en tanto que para entrar en contacto con lo inconsciente, debemos ser capaces de entrar en contacto con nuestro mundo emocional, sin ser atrapados por él, para que luego entonces se abra la puerta hacia el mundo de lo desconocido. Y es que al final, suelen ser las emociones feroces o extremas, que nos producen crisis o un gran sufrimiento, las que tarde o temprano terminan movilizándonos hacia el mundo inconsciente. Paradójicamente, una vez esas emociones nos conducen al mundo inconsciente y logramos conquistar ese territorio antes desconocido, entonces el león se volverá manso; es decir, que el confrontar lo inconsciente, resistirlo e integrarlo, nos conducirá al final hacia una mejor relación con nuestras emociones.

Como animal poderoso, fuerte, resistente y también astuto, el león puede representar a esa capacidad de contener y sobrellevar asertivamente lo inconsciente; es decir, a. resistir a los opuestos y la tensión constante que ellos producen. Es también, un animal que representa nuestra actitud consciente de controlar y contener nuestros instintos.

La serpiente y el león son vistos esencialmente como opuestos, dadas sus características. Por tanto, cuando aparecen juntos, sea en una lucha o integrados, nos hablan de algo divino que sucede cuando las fuerzas contrarias se reúnen o están por reunirse.

La fuente del León. Grenoble, Francia. Construida en 1843.

Una representación de la lucha de una ciudad contra las inundaciones.

Esta estructura sirvió para contener el río que producía grandes inundaciones que perjudicaban a los pobladores de esta región. Una bella analogía es ver  cómo el león, nuestra propia estructura  yoica, funciona como un contensor o barrera que nos ayuda a no ser inundados por lo inconsciente, que se representa con la serpiente.

Justamente, una de las formas como se ha visto vinculados a estos dos símbolos, serpiente y león, es en el dios Aión o leontocephalus, un dios vinculado con el tiempo y la eternidad. Además, por contener a los cuatro elementos, también representa a la Totalidad. Este dios está conformado por el cuerpo de un hombre con cabeza de león, y una serpiente que se enrosca en su cuerpo. Dicha imagen podría entenderse como un dios que integra a las fuerzas opuestas: por un lado, el hombre con cabeza de león, representando del poder, la fuerza y la pasión; y por otro lado, la serpiente que lo envuelve, representando las fuerzas opuestas que tendrá que tolerar y resistir el león.

Otra lectura igualmente interesante sobre la serpiente y el león en este dios Aión, es la forma como se ve representado un ciclo eterno de muerte y renacimiento entre el mundo inconsciente, representado por la serpiente; y el mundo consciente, que representa el león; es decir, una lucha constante entre la consciencia que es devorada por lo inconsciente, y lo consciente que posteriormente vence a lo inconsciente.

Aión, es un dios perteneciente al mitraismo, una religión mistérica que existió durante el imperio romano, entre los siglos I y IV d.C, que rendía culto al dios Mitra.

En El libro Rojo, Jung cuenta cómo fue confrontado con lo inconsciente y a raíz de esto, el Espíritu de las Profundidades, o mundo de lo inconsciente, demandó de él hacer una integración de las fuerzas opuestas; entre estas su Eros, quien se vio representado por Salomé, como mujer ciega e hija de Elías, que hacía referencia a su Logos. Salomé aparece ciega en tanto que representaba a un Eros muy disminuido en la vida de Jung. Una energía completamente subvalorada para ese hombre quien hasta entonces se identificaba solamente con el mundo de la razón.

Deus Leontocephalus. Aión. Museo Profano.

Cuando finalmente Jung logra reconocer a Salomé e integrarla como parte de él mismo, ella abre los ojos y ahora puede ver. En ese momento, Jung asume una posición similar a la de Cristo crucificado, y cuenta cómo dicha escena le recuerda a Aión o Leontocephalus, en tanto que siente su cabeza como en forma de león y su cuerpo enroscado por una serpiente cuya cabeza se posa encima de su propia cabeza. Jung siente en este momento como si él mismo estuviese representando a este dios del mitraismo, conocido como Aión, el dios que alberga en sí mismo tanto a la serpiente como al león.

Jung entiende esta experiencia como una experiencia de integración de fuerzas opuestas, en tanto que él había integrado en sí mismo a su Logos y a su Eros, y cuenta cómo este fue un momento que lo aproximó a lo divino. Aclara aquí, que dicha aproximación no lo convirtió en parte de la divinidad y e ahí el cuidado que recomienda tener cuando se tienen experiencias próximas a lo divino; es decir, no identificarse con dichas experiencias.

Se dice que cuando los opuestos se unen algo divino ocurre y esto es aquello que representa la unión de la serpiente y el león, consolidadas dentro de un símbolo como lo es Aión.

La serpiente y el león son opuestos que intentan reconciliarse en un contenedor, no sin antes tener una lucha, pues la diferenciación es una condición previa para una posterior integración de los elementos opuestos. En el caso de Jung y la experiencia que relata en EL Libro Rojo, él sirvió como ese recipiente o vasija que contuvo a elementos opuestos que llegaron a unirse a través de él.

La imagen del la lucha e integración de la serpiente y el león representa un proceso fundamental dentro de la práctica clínica que es la integración de los elementos que se encuentran en conflicto en el consultante. Dicha lucha representa el esfuerzo del consultante por mantener un estado de cosas fijas e invariables en su vida, aún cuando incluso se vuelvan excesivas, desbordadas o no funcionales, y lo conduzcan a una crisis fuerte de vida. Desde el espacio terapéutico, el trabajar la lucha entre la serpiente y el león es lograr que el consultante pueda integrar elementos de lo inconsciente que son fundamentales para un mejor funcionar psíquico con el cual se logre una homeostasis y un balance de la energía psíquica.  La integración de la serpiente y el león constituiría dentro del análisis, la consecución de un punto más mesurado de la vida donde el consultante pueda equilibrar  y suplir varias necesidades de la Psique, a pesar de que ellas constituyan ambivalencia o contradicción.

Como conclusión de este breve ensayo, y haciéndolo parte de mi experiencia personal, creo que el sueño que tuve en aquel entonces representó una lucha interna que existía para ese momento en mi vida, en donde había dos mundos en principio irreconciliables. A pesar de mi pasión por la Psicología Analítica, la encontraba disonante con el mundo organizacional en el cual yo me desenvolvía. Venían a mi fantasías de renunciar a ese mundo organizacional y dedicarme a la clínica desde la psicología junguiana (ideas de mi serpiente); fantasías que luego rechazaba fervorosamente por encontrarlas absurdas, imposibles de realizar, poco seguras o confiables (actitud de mi león). Al final, y luego de varios años de esa lucha, surgió algo que parece hoy una solución: seguir el llamado real de mi profesión para hacer clínica y dedicarme a lo que realmente me gusta, teniendo planes concretos y aterrizados que me posibiliten vivir de lo que me gusta, lo cual implica prepararme lo suficiente, y esto incluye por supuesto, la formación como analista junguiana.

Juliana Cortés Gómez Psicoterapeuta - Candidata a Analista Junguiana

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